Padres separados que conviven en el mismo núcleo familiar (I): así lo ven vuestros hijos

Padres separados que conviven en el mismo núcleo familiar (I):  así lo ven vuestros hijos

Separación de unos padres que conviven en el mismo núcleo familiar. Esta situación podría parecer el argumento de una película romántica de final feliz. Pero no lo es. La situación vivida durante el 2020 debido a la crisis sanitaria de la Covid-19 y el confinamiento en nuestros hogares ha tenido sus consecuencias. Muchas de ellas han sido grandes noticias (parejas reforzadas o padres e hijos compartiendo todo su tiempo y estrechando lazos). Pero también ha habido historias que han llegado a su fin… o no. 

Después de este tiempo de “encierro” en casa, muchas parejas han tomado la decisión de divorciarse. Se han dado cuenta de que ya no están hechos el uno para el otro de la misma manera que antes, y que sus caminos a día de hoy no van en la misma dirección. Pero, económicamente todavía no han podido encontrar la manera de separarse y continúan conviviendo en el mismo núcleo familiar, con sus hijos. Esta nueva situación genera mucha tensión y los más pequeños de la casa lo captan. “Los niños siempre somatizan (en el cuerpo) la tensión de los padres”, nos cuenta Susana Vela, psicóloga de Andares & Co

Los adultos son más fuertes cognitivamente, ya que tienen más herramientas y recursos mentales. Y aunque una separación/ divorcio es difícil de manejar, ellos tienen (toda) la razón y voluntad para afrontar esa convivencia sin convivir. Pero los niños no tienen esa capacidad ni madurez para entenderlo. “¿Entonces ya no os queréis?”, es la pregunta más frecuente. Y claro, la respuesta más común es: “¡Sí, sí! Y como nos queremos, sabemos que no podemos vivir juntos. Pero…como no tenemos dinero, vivimos juntos”. Es una contradicción, sin más. 

Y esto es un problema, ya que siempre hay que mirar por el bien del niño. “Son los únicos que no tienen posibilidad de decidir, y se ven totalmente encerrados en una situación de incoherencia que van a intentar resolver a su manera, como niños”, explica Vela. 

 

Su casa. El espacio. Su entorno.

Como ya hemos mencionado en alguna ocasión, los niños son espaciales. Esto quiere decir que lo que hacen físicamente, también lo hacen psíquicamente. En este caso concreto, el espacio, o sea, su casa es la que determina qué está pasando. Y el problema es que no pasa nada, porque los padres permanecen en el hogar. Pero ellos perciben la tensión que comentábamos al principio y que sus padres ya no se relacionan como lo hacían antes. Por ejemplo, si alguno es excluido y come en otra mesa o en diferente horario; o también si duerme en otra cama, sofá o incluso con los hijos. 

“El problema no es lo que están haciendo los padres, sino lo que los niños traducen de esa realidad. Los pequeños tienen mucha sensibilidad, enseguida notan que algo pasa. No obstante, no saben interpretar de la misma manera que un adulto; ellos traducen la situación de manera diferente”, apunta Susana Vela. Precisamente, en ese punto, es donde entra el psicólogo: para averiguar la narrativa del niño sobre la historia de sus padres.

Eso es lo que le va a dañar o no. De hecho, son muchos los casos, y muy diferentes, a los que se ha tenido que enfrentar nuestra psicóloga Vela. En la misma familia, uno de los hermanos te puede decir “mis padres están juntos, pero les doy un par de meses” y el pequeño interpreta “mis padres están intentando quererse otra vez”. Un análisis tan interesante como complicado. Y muchas más frases como “mis padres no se quieren separar porque nos quieren” o “mis padres se evitan para no discutir.”

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