Límites, un marco de seguridad para nuestros pequeños

Límites, un marco de seguridad para nuestros pequeños

Muchas veces nuestros hijos quieren las cosas de otros niños o resultan impacientes por conseguir algo. Como padres, en muchas ocasiones nos cuesta poner límites porque no queremos enfadar a los más pequeños ni provocar una rabieta. Sin embargo, estos límites son necesarios para el desarrollo de nuestros pequeños para que crezcan con un marco de seguridad.

Como padres delimitamos lo que se puede y no se puede hacer; ofrecemos a los niños un marco de seguridad para que sepan hasta dónde pueden llegar. Ellos siempre intentarán tensar la cuerda y sobrepasar estos límites, pero si no existieran se perderían y provocarían un desborde emocional.

No obstante, es importante saber que el cerebro de los niños no está preparado para demasiadas negativas ya que hasta los 6 años son personas egocéntricas, por eso no debemos exagerar con lo que se prohíbe para no causar un desborde emocional.  Es importante decirles siempre lo que sí puede hacer, donde y cómo sí lo puede hacer.

Desde Andares & Co trabajamos los límites siempre desde una perspectiva positiva. Por ejemplo, si llegamos a casa y nuestro pequeño está pintando en la pared, debemos enseñarle que donde se pinta es en el papel, porque ellos son pequeños y no saben lo que se puede y no se puede hacer.  En nuestros grupos de juego trabajamos estos aspectos desde las edades más pequeñas

Cuando estamos hablando de límites hay que tener en cuenta dos perspectivas. Por un lado, la del entorno seguro para el niño pero también la de la preparación de nuestros hijos para la sociedad. Esta segunda parte es imprescindible para que nuestros pequeños no se conviertan en personas tiranas que  hagan lo que quieran. Una acción que suele ser fruto de una infancia con pocos límites a esperas de que vayan aprendiendo con la vida en lugar de marcar bien los límites para que cuando en  sociedad le digan que no a algo lo pueda aceptar de mejor manera. De esta forma los límites nos ayudan a aceptar que no todo se puede hacer.

Cómo trabajamos en Andares

Desde Andares, adaptamos los límites a cada grupo de edad. Por ejemplo, a partir de los 18 meses aproximadamente trabajamos la espera por un juguete; bien porque sea de otro niño o porque en ese momento sea su turno y haya que esperar. Cada una de nuestras actividades está planteada con un inicio, un desarrollo y un final; de esta manera los niños van entendiendo que se tiene que cerrar algo para volver abrir otra cosa, es decir les ayudamos a aprender a cerrar los círculos de la vida.  Con este tipo de actividades trabajamos sobre todo la paciencia, alargando los tiempos de espera. Asimismo los tiempos de concentración, que en los primeros años son muy reducidos, sin embargo, es muy importante trabajarlos desde el primer año de vida.

Cuando sacamos alguno de nuestros juguetes, como la caja de música, hacemos todo el proceso a cámara lenta para trabajar a paciencia y la espera, siempre con objeto motivador . A través de estos juegos marcamos también las pautas para marcar límites en las situaciones cotidianas que pasan en casa.  Esto facilita las tareas de los padres que muchas veces encuentran dificultad para poner límites. Estas situaciones pueden darse también al revés cuando un niño quiere el juguete de nuestro hijo. En estos casos también es importante defenderlo y poner límites al otro niño, puesto que ellos aún no tienen las herramientas para hacerlo y necesitan de un adulto que lo haga por ellos. De esa forma estamos enseñando a nuestro hijo una coherencia de saber respetar y ser respetado haciéndose valer; ya que los niños van imitando todo lo que les enseñan.

Esta coherencia es muy importante a la hora de marcar los límites para no descentrar a los pequeños. Cuando se marca un límite es para que se cumpla siempre; si lo quitamos en algunos contextos, el niño no lo entenderá como un límite y querrá conseguirlo siempre. Por ejemplo, si decidimos que no puede utilizar el teléfono mientras se come, no se lo podremos dar en ningún caso; tampoco cuando nosotros estemos cansados o cuando necesitemos calmarlo. Si se lo damos, el sabrá que lo puede conseguir una y otra vez con una rabieta; entonces solo será  cuestión de tiempo que sus padres pierdan la paciencia y se lo den. Sin embargo, el mantenernos firmes, siempre con amabilidad y amor, le estaremos enseñando que esa no es la forma de conseguir las cosas. Y también que hay cosas que no se pueden hacer, y como resultado estos comportamientos irán disminuyendo.

Los niños necesitan ver esa actitud de firmeza y de límites para tener un marco de seguridad y no llegar a desbordarse emocionalmente. Un trabajo que se debe ir haciendo desde los primeros años de vida.

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