Cómo afrontar la ‘etapa de separación’ en los niños

Cómo afrontar la ‘etapa de separación’ en los niños

La conexión entre madre e hijo es más que evidente. Además del hecho de dar a luz a tu bebé, durante los primeros meses de vida también te conviertes en imprescindible para él; por ejemplo, para alimentarle (ya sea pecho o biberón), calmarle, acariciarle o dormirle. Por tanto, con el tiempo, ese vínculo se estrecha, ya que tu bebé entiende la seguridad a través de tu cuerpo y atenciones. Y toca empezar a trabajar lo que se conoce como la ‘etapa de separación’.

El niño nace, pues, en fusión con mamá, creyendo que ambos son uno solo. Y no es hasta los ocho meses cuando el pequeño empieza a entender que, en realidad, son diferentes. “A partir de esa edad, extrañan a mamá porque se acaban de dar cuenta que empiezan a ser diferentes como concepto”, apunta Susana Vela, nuestra psicóloga de Andares. 

De hecho, hay ejemplos muy claros, que quizá en un principio no sepamos ver. Con tres meses, un bebé puede ir de brazos en brazos y, siendo unos brazos amables y calmados, se queda tranquilo. Pero, con ocho meses, ya no. Aquí es cuando empieza la etapa de separación.

 

Etapa de separación

Un total de diez meses o un año -de los 8 a los 18 meses-, en los que tenemos que preparar a nuestro hijo para ese momento. “En esa etapa, tiene que ocurrir muchas veces que mamá le dice a su pequeño que se tiene que ir”, comienza explicando Susana Vela. No importa dónde vaya, al trabajo, de compras o a cualquier sitio que conlleve alejarse de él; la clave es que se quede con alguien que sepa contener ese momento de desgarro. Y para ello, nuestra psicóloga nos ofrece una pauta a seguir. 

“Posiblemente cuando su mamá se vaya, el niño empiece a llorar. Para contenerlo, la persona que se queda con él -papá, tía, abuelo o cuidadora- le explica que mamá volverá pronto, le calma y le seduce hacia un juego”, aconseja Susana Vela. No obstante, este proceso no es tan sencillo: tendrá que ocurrir decenas de veces. “Esta directriz no es, por tanto, para que mamá se quede si el niño llora. Sirve para que el niño aprenda a contenerse a sí mismo a través del adulto que se queda a su cuidado”, matiza la psicóloga.

 

Grandes cambios

Se trata de una etapa súper delicada y muy poco entendida. Es, precisamente, cuando los niños empiezan a experimentar grandes cambios físicos y evolutivos. Comienzan a gatear, van detrás de objetos o ya caminan; se alejan y vuelven una y otra vez. El mundo es interesante para ellos y quieren descubrirlo. Es un momento en el que debemos dejarles investigar por sí solos. Por ejemplo, si lanzan un juguete, podemos dejar que vayan a por él, sin alcanzárselo. Con una mirada amorosa le decimos “puedes ir, ahí lo tienes” y te quedas en el sitio para que sea él quien lo busque y vuelva. Esto los prepara para la gran separación que experimentarán cuando te ausentes de casa.

Debido a esta evolución natural del niño -comprendida en este tiempo-, es cuando los adultos empiezan a plantearse nuevos cambios (por ejemplo, llevarlos a la escuela infantil o dejarlos al cuidado de alguien). 

La postura de nuestra psicóloga es clara: “Yo no recomiendo que lleven al niño a la escuela infantil como primera opción. Siempre que se pueda, es mejor que se queden en casa al cuidado de alguien amoroso y cercano”. Como venimos diciendo, el problema es que se plantea en ese tiempo (de 8 a 18 meses) porque los niños ya están más tranquilos, no toman pecho – en todo caso, solo por la noche – y gatean o incluso andan. Pero también es cuando empiezan a entender más su entorno y a extrañar.

“Si no queda más remedio porque ambos padres trabajen, y no pueden cogerse un par de años de reducción, tanto ella como él, pues sí; que se busque un adulto que pueda cuidarles en casa o una buena escuela infantil y lo lleven”, dice Vela. Pero repite, en el caso de optar por una escuela infantil: “Siempre antes de los ocho meses. Si lo vas a hacer al año, mejor a los siete meses; o ya a partir de los 18 meses”. 

Retomando uno de los ejemplos que nombrábamos más arriba, podemos explicar qué es lo que realmente le ocurre a nuestro hijo. En este período de tiempo, entre 8 y 18, los niños comienzan a caminar. Y este hecho les permite alejarse de mamá y también volver. “Hay que entender que los niños son ‘espaciales y corporales’. Por tanto, lo que hacen físicamente es lo que también hacen psíquicamente”, nos explica Susana. De esta forma, ellos mismos están experimentando la sensación de que mamá y él son conceptos diferentes. Si rompemos esta dinámica de repente, no estamos respetando el proceso evolutivo natural de nuestro hijo. Por eso, es tan necesario entender cuán importante es la etapa de separación.

 

Ejercicios de preparación

Para ello, os proponemos diversos ejercicios que pueden ayudarnos en esta faceta de la separación. Siguiendo la mecánica establecida, y con algunos ejemplos que ya hemos comentado, es importante:

  • dejarles que gateen y conquisten el espacio
  • no alcanzarles de manera automática los juguetes que lancen, ya que, aunque te parezca extraño, están calculando distancias y entendiendo velocidad y distancia (esto les va a permitir caminar y desplazarse con más dominio de su cuerpo)
  • retirar las cosas peligrosas de la casa para que puedan moverse por ella libremente y aprender a acercarse y alejarse de ti por ellos mismos.

Con estas sencillas pautas, nuestros hijos ganan en autonomía, lo que les permite fortalecer su autoconfianza y autoestima. Recuerda que si sienten que dominan el espacio donde viven, podrán entender mejor la separación.

Pero el espacio no solo se controla de manera natural. También podemos introducir otros ejercicios más enfocados en la dinámica del juego. Por ejemplo, el “cucú tras”; es un “estoy y no estoy” tanto del bebé como de mamá y papá. O, también se pueden esconder objetos y encontrarlos. 

En este proceso, es importante dejarles jugar sin que te tengan a la vista todo el rato. Pueden estar en una habitación abierta y tú cerca, pero no siempre viéndote. Todo sirve para entender que tú no eres la única persona que puede cuidar de él. Refuerza esta idea por la noche, a la hora de ir a dormir a tu pequeño: ve acompañada, papá también puede hacer esto de maravilla. Así, tu hijo entenderá que hay más personas que le cuidan y quieren. Y que está en buenas manos cuando está con ellos.

Deje una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *